Hay rutinas que no deberían perderse nunca.
Rutinas que crean momentos mágicos, que aportan seguridad a nuestros pequeños y satisfacción a los mayores.
"El cuento de buenas noches":
Ese hábito tan sencillo, pero a la vez tan especial, que nos aporta muchos más beneficios de lo que cualquiera pueda creer.
- Somos ejemplos a seguir. Si nos ven leer, ellos copiarán, y leerán también.
- Con las historias que les contamos, estamos proporcionando herramientas para enfrentarse a situaciones cotidianas.
- Creamos un momento de unión, de cohesión familiar, de estabilidad y bienestar.
- Invertimos tiempo de calidad con nuestros hijos e hijas. Ese tiempo tan necesario que a veces ocupamos en actividades que no nos aportan (redes sociales, trabajo atrasado...)
- Acompañamos emocionalmente a nuestros pequeños. Ayudamos a paliar sus miedos, a gestionar emociones, a proporcionar seguridad...
- Ayudamos a que descansen más y mejor. Acostumbrarlos a esta rutina, hará que les cueste menos conciliar el sueño.
- Potenciamos momentos de comunicación eficaz. Aprovechemos las historias que contamos para comunicarnos con ellos. Tratar temas de interés cotidiano y transmitir habilidades que les permitan resolver conflictos, enfrentarse a sus incertidumbres...
- Desarrollamos habilidades cognitivas, como la atención o la memoria.
- Enseñamos, aprendemos y educamos.
¿Cuántas cosas más caben en un rato?
Pues eso. Hay rutinas que no deberían perderse...
Adapta la lectura de buenas noches a la edad del que escucha, cambia de rol cuando el escuchante aprenda a leer (a veces) y comparte lecturas, discute, debate,... cuando la edad y la madurez de ambos os lo permitan.
Sigue cuidando aún cuando creas que ya no lo necesita.

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