Vivimos acelerados, pensando siempre en ese concepto abstracto que no se ve y no podemos tocar: el tiempo.
Somos esclavos del "tengo que..." o del "no tengo tiempo para...", y, a veces, nos olvidamos de vivir de verdad, de disfrutar del momento, de convertir nuestro tiempo en 'tiempo de calidad', de invertirlo bien y con quien de verdad lo merece.
Juega. No dejes de hacerlo nunca.
Juega solo/a, con amigos/as, en familia, con tus hijos/as...
Tenemos la mala costumbre de pensar que "jugar es cosa de niños" o, peor aún, que "jugar es perder el tiempo", y no. No hay edad para disfrutar de un buen rato mientras nos beneficiamos de ello.
Si tienes hijos/as...
Aprovecha para jugar con ellos/as. Ese tiempo invertido es tiempo de calidad, de cohesión, de crecimiento personal y familiar, de aprendizaje, de bienestar.
Adapta el juego a su edad y ayúdalos a crecer: haz de indio, de cocinero, de marinero, de pirata, de maestro..., dedica un día a la semana a "jugar en familia" a cualquier juego de mesa, sal al parque y juega al aire libre,...no olvides que estás cuidando y creando recuerdos.
Enseña y da lo mejor de ti. El juego proporciona multitud de aprendizajes y fomenta el desarrollo integral.
Con amigos/as o familia...
¿Hace falta que detalle lo que aporta un buen rato de juego con amigos/as?
No sólo fomenta la socialización, sino que también potenciamos la cohesión grupal, el bienestar emocional, el trabajo en equipo y las risas.
Enseñando...
Gamifica. Crea juegos con los contenidos que quieres enseñar.
Enseña a través del juego. Utiliza juegos ya creados para enseñar contenidos curriculares.
Reta. Propón retos a modo de juego para enseñar contenidos.
Más motivación, más diversión, más creatividad, MÁS APRENDIZAJE.
El tiempo de juego es salud (en todos los sentidos). Aprendemos, compartimos, socializamos, crecemos, desconectamos, creamos...y ¡nos divertimos!
Y ahora qué...¿Jugamos?

Comentarios
Publicar un comentario